La Guerra de Consolas: Enemistades y demás despropósitos | Opinión

La Guerra de Consolas: Enemistades y demás despropósitos

La Guerra de Consolas es el pan de cada día para muchos de nosotros, y en esta reflexión intentaremos llegar al fondo del asunto, ¿nos acompañas?

En algunas noches de reflexión, me da por imaginar qué habría pasado si la rivalidad entre la familia de los Montesco y los Capuleto no hubiese sido tan acérrima. Es posible que, olvidadas las rencillas que separaban a una y otra facción, habrían hecho grande a Verona. Podría haber sido posible si ambos líderes hubiesen visto las cosas que los unían y no las que los separaban. Si no se hubieran dejado llevar por rencillas históricas, de las que muchos de ellos ni se acuerdan ni conocen. Habría sido bonito ver que habría pasado, y quizá ese sea el mensaje que quiere transmitirnos la obra, el cómo la obstinación por ver las cosas que separan a las personas, en vez de las que tenemos en común, acaba arruinando a dos familias y destruyendo su legado.

Y quizá, una de esas cosas en las que hay que pensar es en el legado. En los últimos tiempos, el mundo del videojuego vive en un Romeo y Julieta constante. Cuando a finales de la década de 1980 Nintendo decidió romper el contrato que tenía con Sony para el desarrollo de la Nintendo PlayStation y apostar por Philips para su Snes-CD. Se empezó a fraguar lo que sería una rivalidad que se está prolongando hasta el día de hoy, con el añadido de que ahora contamos con un tercero en discordia: Microsoft.

Las compañías están en un momento de rivalidad constante, creciendo así la competencia dentro del sector, lo que propicia un irrefrenable deseo de dar siempre más que el rival, haciendo que estas nos traigan cada vez mejores productos, intentando demostrar su superioridad ante el resto de rivales del sector.

Nintendo PlayStation
Nintendo y Sony habrían cambiado la historia con su Nintendo PlayStation

La influencia, principal problema

Y viendo este panorama, y entendiendo esto como una competencia necesaria y una rivalidad que nos trae mejores resultados a los jugadores, ¿dónde está exactamente el problema? En que la comunidad parece que no lo ha entendido y vive en aún dentro de la Verona de Shakespeare.

El ambiente que rodea últimamente el sector de los videojuegos se está volviendo tóxico, contaminando a su paso todo lo que toca. Con la creciente expansión de las redes sociales y de Internet, se acrecenta el número de “gurús” del videojuego, que se aprovechan de su posición de poder y de llegar a miles de fans para convertir un sector a priori lúdico, donde tendríamos que estar disfrutando de las piezas audiovisuales y de una calidad increíble que últimamente estamos viendo, en el plató de cualquier programa basura que pueda emitir la cadena de Paolo Vasile.

Están tan centrados en defender lo suyo y en verter pestes sobre lo de los demás, que inventan, tergiversan y difaman con el único objetivo de que su público tenga argumentos para defender que su consola es la mejor, que las demás no valen para nada y, en definitiva, instaurar un tipo de ‘supremacía’ para que siempre haya una raza superior y con argumentos que parecen sacados del mismísimo Mein Kampf.

Gente caminando por el pasillo del e3
El consumidor es el principal perjudicado, ya que recibe estímulos de todos lados obligándole a elegir bando

El público, el gran perjudicado

¿Y quien pierde en todo esto? El jugador, por supuesto. El hecho de que ahora haya videojuegos exclusivos de una u otra consola nos divide a la hora de elegir que plataforma comprar, y las empresas se están aprovechando de esto. Porque, siendo realistas, el jugador medio no tiene acceso a todas y cada una de las plataformas del mercado.

Adquirir una consola o un ordenador que pueda mover los futuros títulos del mercado es una importante inversión de dinero (con el agravante de que ahora cada vez se están difuminando más las generaciones de consolas), por lo que la elección de uno u otro medio te estará privando de poder acceder a algunos de los nuevos títulos que más fama y elogios están cosechando. El problema viene cuando, automáticamente, se desprecian esos títulos por no estar a nuestro alcance. Esto no hace ningún bien, ni a la industria, ni a la comunidad, ni a los medios, ya que hay algunos que ávidos de repercusión y de atraer cada vez más público, contribuyen a la epidemia, se posicionan en uno u otro bando y contribuyen a desmejorar la profesión y a destruir el medio.

El público como herramienta de cambio

Y ante esto, es ante lo que no podemos claudicar. El sector del videojuego es justamente donde no puede reinar este tipo de mentalidades. Estamos sucumbiendo ante un tipo de mentalidad más propia de lo peor del mundo deportivo, donde lo único que importa es demostrar que tu equipo es el mejor y que el resto son escoria, aunque para esto debas blandir los argumentos más casposos y los manierismos más absurdos del mundo, haciendo que esto te impida disfrutar de la competición que tienes delante. Y eso es precisamente lo que no se puede hacer.

En una época de contrastes como la que vivimos, donde parece que hablar mal de todo es lo que te hace popular, hay que ser conscientes del riesgo que corremos con eso. En un panorama donde el mundo indie y las producciones de bajo presupuesto están en auge, estamos consiguiendo que las compañías con los presupuestos más elevados no se estén atreviendo a invertir en innovación, que estén atascándose en lo clásico, que estén tirando de nostalgia y estén intentando pisar sobre seguro, porque cualquier paso en falso se convierte en una crítica voraz e infundada por grupos cada vez más grandes de personas, con el riesgo de convertir eso en una debacle económica que les lleve a la ruina más absoluta.

PlayStation y Xbox en el E3 2017
En el mismisimo E3 las compañías buscan diferenciarse de sus rivales

Conclusión

Pero aún no es tarde, siempre hay tiempo de que las cosas cambien y de que podamos construir un sector mejor. Un sector dónde veamos lo que nos une, donde disfrutemos de lo que estamos viviendo y de que apoyemos las obras y no a las compañías. En una época dónde tenemos obras como Breath of the Wild, como Final Fantasy XV, como NieR: Autómata, no hay que desmerecerlas, hay que disfrutarlas. Con sus fallos, con sus errores y con sus puntos a mejorar, pero disfrutarlas. Aún estamos a tiempo de no acabar en Verona, de que nuestro legado no acabe destruido intentando huir de nuestras propias manos.

Autor entrada: Dimonkey

Jugador de videojuegos desde pequeño que se resiste a crecer. Escribo a veces para ordenar las ideas. Tengo un gato. Twitter: @Dim0nkey

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