Ni no Kuni 2 y la importancia de gobernar

El juego de Level 5 y Akihiro Hino es una fábula que nos transmite un mensaje fundamental disfrazado de película de Studio Ghibli

Cerca del 1585, Toyotomi Hideyoshi consiguió culminar la odisea que había iniciado Oda Nobunaga años atrás y que no se asentaría hasta el mandato de Tokugawa Ieyasu como shōgun: unificar Japón bajo una misma bandera. La historia cuenta que Toyotomi Hideyoshi, al contrario que su predecesor, prefería hablar, negociar con sus rivales para que se pasaran a su bando y así evitar la confrontación contra un general con habilidades tan notorias. Hideyoshi muchas veces se presentaba a si mismo de forma humilde, sencilla, apelando a su pasado humilde como portador de las sandalias de Nobunaga y a todo lo que había conseguido a pesar de ello, y del sueño que le impulsaba a seguir adelante sin importar las consecuencias.

Ni no Kuni 2 se presenta ante nosotros de forma humilde. Se acerca poco a poco, se muestra como un amigo que ya conocemos, como un vecino al que hemos visto mil veces y que nos suena, una cara amigable y tranquila, con la que nos atrae para conocer lo que se encuentra bajo la superficie. Y eso es lo que hace. Nos distrae con una apariencia gentil y suave, nos muestra un mundo precioso y lo aprovecha para tratar temas que pensábamos que no íbamos a ver en un juego de estas características.

El Renacer de un Reino” es un título que le viene que ni pintado. El juego reflexiona constantemente sobre la importancia de saber mandar, el valor del liderazgo y lo que necesita un monarca para poder liderar un reino como es debido. Nada más empezar, vemos como a Evan, el protagonista, se le despoja de su título de monarca, se ve obligado a huir del reino y sólo lo consigue con la ayuda de Roland, que ha sido invocado a ese mundo por una extraña fuerza. Evan es un niño, demasiado joven para ver lo que pasa en su propio reino y el golpe de estado que se gestaba dentro de sus propias fronteras, lo cual acaba costándole una rebelión y la pérdida de una persona importante para él.

Tras despojarle de todo lo que tiene, Evan decide empezar de cero creando su propio reino.

Lejos de la típica historia de venganza, el juego nos guía por el camino del crecimiento de Evan. El juego nos transporta por la evolución del personaje y su madurez, alejándose de la recuperación del reino de Cascabel a la fuerza, creando un reino propio y mostrándonos así lo difícil que es dirigir a la gente, guiarla por un propósito común y nos intenta hablar de algo importante, una idea que deberíamos plantearnos y sobre la que gira gran parte de la trama de este Ni no Kuni 2: gobernar no es un derecho, es un deber.

La figura de Roland es importante para ello. Aparece desde el inicio como un gobernante que viene de otro mundo, que no conoce cómo funciona el mundo donde está y que sirve de base para mostrarle al jugador las normas sobre las que se rige el mundo de Ni no Kuni 2. Roland empieza a instruir a Evan, a ayudarle a crecer, a salvarle de la situación confusa en la que se encuentra al principio del juego y se propone reconstruir lo que Evan ha perdido, ayudándole en todo lo que pueda. Con esto, se crea el pretexto perfecto para mostrarnos lo que el juego necesita: la evolución de Roland de un presidente egocéntrico que cree que no tiene nada que aprender y mucho que transmitir a un consejero real que aprende del ímpetu de un joven que sueña con cambiar el mundo.

Poco a poco, y sin que nos demos cuenta, Evan influye en Roland, le contagia su entusiasmo, su liderazgo, le enseña que el puesto de rey no es algo que se imponga a la fuerza, no es un derecho de nacimiento, ni es algo que se tenga por elección divina, es un deber autoimpuesto de alguien que quiere cambiar las cosas, de una persona que busca que el mundo sea un lugar mejor y de que intentará por todos los medios que así sea. Lo que nos muestra Ni no Kuni 2 es tan vital como esto. Evan no quiere unir el mundo bajo una bandera por poder, ni por ambición, lo hace porque considera que un mundo unido será capaz de hacer frente a cualquier amenaza que surja.

Reino tras reino, Evan deberá ver las problemáticas de sus dirigentes y crecer aprendiendo de ellas.

Al igual que Toyotomi Hideyoshi, Evan no recurre a la fuerza de Oda Nobunaga para imponerse, considera que un buen aliado vale más que mil hombres furiosos, hombres sedientos de venganza que, como Akechi Mitsuhide, acaben traicionándolo por la violencia empleada durante años para alcanzar su meta. Durante la aventura, Evan trata de convencer a los demás dirigentes de las principales potencias del mundo de que deben unir fuerzas por un bien común. La estructura para esto es simple: llegas a su reino, el juego te muestra mediante a su gobernante uno de los problemas más comunes que tienen los dirigentes y, tras comprender el fondo del problema, Evan los ayuda, les muestra sus errores y consigue que cooperen para hacer del mundo un lugar mejor.

Con esto, el juego nos muestra los errores más típicos en los que suelen caer los dirigentes, nos habla de la dificultad de gobernar, de cómo esto puede corromper a las más grandes mentes y, a pesar de tener una buena intención, acabar haciendo el mal sobre tu propio pueblo. En Canghái nos enseñan a un gobernante que prioriza el poder económico por delante del bienestar de su gente, lo que acaba pasándole factura y sembrando la desconfianza en el mismo pueblo que lo había amado antaño. En Celántida nos muestran el miedo al progreso, a perder la identidad de un pueblo ante el inevitable paso del tiempo. En Velintonia nos hablan de la incansable búsqueda de poder y como esto puede afectar a un pueblo ya avanzado tecnológicamente que ha olvidado sus raíces. Y para finalizar se guardan el reino de Cascabel, hogar natal del protagonista, donde podemos ver como el racismo corrompe una sociedad desde dentro y crea una brecha social que no beneficia a ninguna de las partes afectadas.

El juego no repite su estructura por casualidad. Nos hace entrar en el reino poco a poco, nos muestra sus problemáticas, nos cuenta la fractura social entre el gobernador de ese reino que, enfrascado en su ideal, deja de oír a la gente que dirige y empieza a pensar más en sus propios intereses, aunque pierda así el respeto de su propio pueblo. Para esto, Ni no Kuni 2 introduce la figura del antagonista, un enemigo que, con un aura maligna, saca a relucir lo peor de cada dirigente, haciendo que así se acentúen los peores defectos de cada uno. Nos enseñan cómo de dañino puede ser para una sociedad que la gente que los gobierna no se preocupen de más que de ellos mismos, nos lo enseña y nos enseña a solucionarlo, porque es ahí donde el juego quiere llegar: a cómo solucionarlo.

El sueño de un reino donde gente de todas las ideologías y razas puedan convivir en paz es algo recurrente en la historia.

Y ahí es donde entramos nosotros. Evan intenta crear un pueblo unido, que avance, que no discrimine y que no busque la supremacía de su identidad sobre el resto. Evan entiende que el dirigir a su gente no es un derecho, es un deber, e intenta hacerlo de la mejor manera posible. Por eso el juego nos pide que, para que se unan a nuestro reino, les ayudemos primero, porque no estás reclutando soldados, estás dirigiendo a un pueblo, un pueblo que importa, un pueblo con sus inquietudes, sus demandas, sus peticiones y sus exigencias. La mayoría de las misiones secundarias tienen un porqué, una historia. El personaje que te la entrega, en la mayoría de ellas, acaba uniéndose a tu reino, por unas causas u otras, tras ver cómo le has ayudado, tras ver como ayudas a tu pueblo, tras ver que estás cumpliendo sus peticiones, porque saben que bajo el mando de un buen dirigente podrán seguir creciendo a tu lado.

Ni no Kuni 2 es un juego precioso. Con un apartado visual digno de las mejores películas de Studio Ghibli y con un sistema de combate sólido, digno de los mejores ARPG de esta época, pero ante todo, es un juego con un importante mensaje, con una buena historia que nos guía y nos ayuda a crecer con Evan. Ni no Kuni 2 nos hace reflexionar sobre la importancia de dirigir, de gobernar, de cómo hacer bien las cosas y de cómo deberían cambiar en muchos ámbitos la gente que nos lidera. Ni no Kuni 2 es tan precioso que, como cualquier fábula clásica, nos deja un aprendizaje necesario: dirigir bien no es un derecho, es un deber.

Autor entrada: Dimonkey

Jugador de videojuegos desde pequeño que se resiste a crecer. Escribo a veces para ordenar las ideas. Tengo un gato. Twitter: @Dim0nkey

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